Soy madre, una madre imperfecta, pero feliz

Antes de ser madres, ves a otras mujeres que te hacen pensar que tal vez tener hijos no es tan complicado, pues parece que sus vidas son perfectas, especialmente en las redes.

La foto perfecta, sin comida tirada en el piso, el niño peinado y vestido sin manchas de comida en la ropa, sonriendo y jugando tranquilo.

Cuando por fin decides tener familia, te das cuenta que esto no es para nada real.

Afortunadamente me he sabido rodear de esas madres y padres que no les importa mostrarle al mundo la vida como es: Con llantos, con noches sin dormir, con el coche sucio,  con momentos amargos y sí, con otros sumamente hermosos.

Y sigo sin entender a esas familias que pretenden hacerle creer a todos que ellos son maravillosos y perfectos. Que su hijo desde la 3er semana duerme 12 horas seguidas, que caminó a los 11 meses, que no le duele la  boca por esa muela nueva, que su casa está  igual que antes de ser papás y que sus hijos se visten como catálogo de tienda departamental.

Yo amo mi realidad, amo que mi peque escoja lo que se quiere poner y salga vestida de sirena o tal vez con una combinación rara, pero que la hace feliz y libre.

Amo que mi casa esté llena de juguetes, porque son el reflejo de niños felices que usan su imaginación.

Amo, no tanto, pero amo mi cansancio, pues es muestra de que tengo el privilegio de poder ver crecer a mis hijos, darles de comer, jugar con ellos, bañarlos y acostarlos todos los días.

Amo las pláticas de dragones, princesas, monstruos y superhéroes con mis hijos, amo que mis besos sean mágicos y curen raspones, amo que lloren abrazados a mi cuello que les da seguridad, amo que un día se hayan hecho pis sobre mi esposo antes del baño, amo la vida tal como es, natural sin filtros y caótica.

Porque ser madre es ser imperfecta para muchos, pero perfecta para tus hijos.

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