No heredes la ansiedad y el estrés a tus hijos

El ruido del auto del vecino te despierta, no pusiste la alarma porque confiaste en que despertarías como ‘cada mañana’, abres los ojos y son las 6:45 am… corres, gritas, apuras y sales… ¡lo lograste! ¡Tus hijos llegaron a tiempo a la escuela! Pero, ¿sabes cómo les afecta esa apuración y la presión, además de la ansiedad y el estrés que manejas a diario?

La ansiedad es definida como el estado de agitación, inquietud o zozobra sentirla de vez en cuando, es algo normal. Simplemente, más de 260 millones de personas en el mundo tienen trastornos de ansiedad, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El problema radica en hacer a la ansiedad y el estrés como un ingrediente cotidiano del día a día que podría terminar en algo más crítico. El Centro del desarrollo del niño de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, cita tres tipos distintos de respuesta ante el estrés: positiva, tolerable y tóxica, según el efecto que esa reacción tiene sobre nuestro cuerpo.

El estrés positivo se caracteriza por breves aumentos de la frecuencia cardíaca y leves aumentos de los niveles hormonales, lo provoca el primer día en la escuela. El estrés tolerable activa los sistemas de alerta del cuerpo como resultado de la pérdida de un ser querido o un desastre natural. El tóxico se presenta ante acontecimientos difíciles, intensos o la exposición a la violencia. Este tipo de activación prolongada puede alterar el desarrollo del cerebro y otros sistemas orgánicos.

¿Cómo identificar si a mi hijo lo afecta la ansiedad y el estrés?

Síntomas físicos:

  • Alteraciones del sueño 
  • Tartamudeo
  • Pesadillas
  • Dolor de cabeza
  • Enuressis
  • Dolor de estómago.

Síntomas de comportamiento:

  • Preocupación
  • Incapacidad para relajarse
  • Miedos recurrentes 
  • Llanto
  • Dependencia de los padres
  • Baja tolerancia a la frustración 
  • Poca integración con su entorno

¿Qué hacer ante la ansiedad y el estrés?

  • Hablar con los niños sobre cómo se sienten y qué es lo que les preocupa.
  • Tener una actividad física para liberar energía.
  • Regula su consumo de azúcares de su dieta.
  • Realizar actividades gratificantes en familia.
  • Elimina las prisas de tu vida: calcula tiempos de traslado y actividades para no correr más.
  • Mide lo que dices y elimina frases que causen estrés.
  • Enséñale a relajarse y a meditar.

Ten calma y sé constante al aplicar estos tips, aunque lo principal es: debes ser tú el ejemplo. En la medida en que controles tus actividades, tiempos y preocupaciones, las emociones de tu hijo se equilibrarán. 

 

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