¡Hay brote de varicela en el kínder de mi hijo! ¿Qué hago?

La varicela es una enfermedad benigna pero infecciosa causada por un virus varicela -zoster de la familia Herpes virus. Se puede identificar en el periodo de incubación a través de distintos síntomas o molestias; como un resfriado común, fiebre de 10-15 días e irritabilidad.

Para seguir un tratamiento a tiempo, es necesario prestar atención en los primeros síntomas, tales como erupciones en la piel tipo “vesícula” de base rojiza en cualquier parte del cuerpo; llegan a ser generalizadas y van acompañadas de comezón, lo que hace al niño inquieto e irritable.

 

¿Cómo tratarla?

Si ya detectaste que tu hijo podría padecer varicela, es importante que sigas las instrucciones de tu pediatra de cabecera.

El Pediatra Raymundo Tecomulapa, especialista de la plataforma de Doctoralia,  nos comenta que de primera instancia,  es posible aliviar los síntomas principales desde casa, como es la fiebre y comezón.

La fiebre se puede tratar a través de medios físicos, o bien, generalmente se recomiendan antihistamínicos. Por su parte, la comezón puede aliviarse al usar ropa ligera.

Generalmente, al inicio de la enfermedad, idealmente el primer día, es recomendable consumir antivirales para disminuir o limitar el cuadro. Es importante aclarar que la respuesta depende de cada organismo, ya que cada cuerpo es diferente.

 

¿Qué evitar?

Una vez que la enfermedad va avanzando, los niños empiezan a tener cada vez más comezón. El doctor resalta que es importante evitar el rascado, ya que existe el riesgo de que se infecten las lesiones en la piel. Es por ello, que es recomendables cortarse las uñas y no frotar fuerte durante el baño para evitar romper las vesículas.

También destaca evitar el contacto con mujeres embarazadas, así como salir a lugares públicos; ya que disminuye el contagio.

 

¿Se puede prevenir?

La varicela puede prevenirse con la vacuna disponible a partir del primer año; en especial si hay casos confirmados en la familia. Las mamás debemos recordar que no estar vacunados es un riesgo, en especial en las temporadas de prevalencia en invierno y primavera; así como tener una complicación grave, entre ellas la encefalitis.

 

Finalmente, el especialista insiste que es importante que los papás tomen la responsabilidad de vacunar a nuestros pequeños y asistir con el médico de confianza en caso de cualquier sospecha.

 

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